Dicen silenciosamente:

Que un día, la tierra tenía dos hijas, dos lunas que juntas engrandecían las criaturas que habitaban en su madre, su foresta y animales, entre ellos el hombre.

Nada impedía que alegremente danzaran constantemente alrededor del sol.
Feliz y dichosa vivía esta familia, en un punto invisible al final del universo.

Más un astro algo tenso, medio loco y sin razón, explosionó de rabia y envidia, lanzando velozmente un pedazo de su corazón, a través del espacio ingrávito,
no se yo...cómo colisionó esta partícula de rocas contra una de las hijas la señora Tierra, arrancando fríamente su espíritu y su amor.

Parte del cuerpo cayó sobre su madre, y la baño en sangre, y la vida decayó, pues el polvo todo el cielo oscureció...Solo Dios sabe la hora en que esta madre despertó.

Con un Génesis de esperanza la noche se aclaró, y la hija que quedó, juró acompañarla hasta que no exista más el tiempo.

Siguen danzando alrededor del sol...solo que esta vez, al revés, mostrarán sus pasos, buscando lo perdido y que hemos olvidado...